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Mi camino para llegar a Malta fue una total coincidencia, puesto que como la mayoría de latinoamericanos que decidimos salir de nuestro país a estudiar inglés, tenía en mente viajar a Australia o Nueva Zelanda, pero con las condiciones adversas de la pandemia para ingresar a estos países, empecé a revisar otros destinos con condiciones de movilidad menos restrictivas y fue allí, que navegando por Google encontré la página de Vivirse Malta.
Mi primer acercamiento a las experiencias y a las escuelas fue con demasiado escepticismo, pero luego de ver cada uno de los videos en YouTube y de tener la videollamada con María de Mar, decidí lanzarme de cabeza a esta nueva aventura y hoy, a pocos días de terminar, estoy completamente convencida que no pude haber escogido mejor compañero de viaje y es que debo agradecérselo, pues desde la recepción de Germán en el aeropuerto hasta la colaboración de Víctor con ampliar mí estadía en los apartamentos de Sleep in Malta, me sentí totalmente respaldada.
Ahora, Malta es una isla de contrastes, de amores o desamores, que durante estos tres meses me permitió avanzar en mi meta de mejorar mi inglés y conocer personas que nunca olvidaré, de ver atardeceres espectaculares pero también de pelear contra el frío y el viento inclemente que golpea la costa de Spinola y Balluta en invierno y primavera, de levantar en la mañana con un cielo super gris pensando que iba a tener que cancelar mis planes pero de un momento a otro decidía regalarme el día mas soleado y bonito para conocer sus playas y hacer hermosas caminatas en sus Cliff.
Me voy con el corazón contento, con miles de fotos en mi drive y con ganas de regresar a tener unas pequeñas vacaciones.